Marianela Sánchez
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Derecho & Tecnología

El algoritmo ya descubrió el secreto de nuestro filtro interno

Publicado en 2026

El algoritmo ya descubrió el secreto de nuestro filtro interno

El Sistema Activador Reticular Ascendente filtra millones de estímulos para protegernos. Hoy, los algoritmos digitales imitan ese filtro, pero no siempre trabajan para nosotros. ¿Quién tiene la última palabra sobre tu atención?

El algoritmo ya descubrió el secreto de nuestro filtro interno.

¿No te sucede en ocasiones que un lugar con mucha gente hablando de repente alguien pronuncia tu nombre y tu atención se dispara hacia esa voz en medio del caos?.Eso es tu cerebro filtrando.

El responsable es el Sistema Activador Reticular Ascendente (SARA), una red de neuronas en el tronco encefálico que funciona como un guardia de seguridad de la conciencia. De los millones de estímulos que percibimos a cada segundo (luces, sonidos, movimientos, pensamientos), el SARA decide qué pasa y qué se queda en la puerta. Sin ese filtro viviríamos en un estado de saturación sensorial insoportable.

El SARA es el algoritmo biológico de la supervivencia: prioriza lo vital, lo que implica un peligro, una oportunidad o un dato relevante para tu vida en ese instante. Por eso aun en el sueño mas profundo despertamos ante el leve gemido de nuestros hijos. Por eso puedes concentrarte en un café ruidoso, pero reaccionas al escuchar tu nombre.

Ahora, piensa en tu teléfono.
Las redes sociales, Instagram, TikTok, Facebook, incluso las plataformas como Netflix hacen lo mismo que tu SARA: de un océano infinito de información, seleccionan lo que creen que es relevante para vos. Igual que el SARA, el algoritmo clasifica: qué posts, noticias o videos aparecen en tu feed.

La semejanza es inquietante:

Ambos crean tu realidad percibida. El SARA prioriza lo vital para tu supervivencia, mientras que el algoritmo prioriza lo rentable para la plataforma.
Aquí está la diferencia brutal.
El SARA trabaja para ti: quiere protegerte, mantenerte enfocado, garantizar tu equilibrio. El algoritmo trabaja para ellos: busca mantenerte en la pantalla el mayor tiempo posible. El primero prioriza la vida, el segundo prioriza la atención como moneda de cambio.

El resultado: tu percepción del mundo ya no está definida solo por tu filtro biológico, sino también por un filtro digital que decide qué realidad mostrarte. Una doble curaduría de tu atención: la de la naturaleza y la del código.

Esto abre preguntas urgentes:

¿Qué información dejamos que nos entrene el cerebro?
¿Estamos reforzando nuestros sesgos porque el algoritmo nos devuelve siempre más de lo mismo?¿Somos conscientes de que la forma en la que vemos el mundo es el producto de dos filtros superpuestos: el natural y el programado?

El algoritmo ya descubrió el secreto de nuestro filtro interno y lo replica a escala global. La diferencia es que uno te salva la vida y el otro te la distrae.
El desafío está en recuperar la soberanía sobre nuestra atención: entrenar el SARA con consciencia plena, para que no sea el algoritmo quien decida lo que vemos, pensamos o creemos.

Al final, la pregunta no es si el algoritmo se parece al cerebro. La pregunta es: ¿quién tiene la última palabra sobre tu atención, el algoritmo o tu conciencia?