Marianela Sánchez
Ideas
Mente y Decisiones

Quemar todos los barcos

Publicado en 2026

Quemar todos los barcos

A veces la valentía aparece cuando dejamos de preguntarnos cómo volver y empezamos a pensar solamente cómo seguir.

¿Nos volvemos más valientes cuando dejamos de tener una salida?

Hace unos días vengo pensando en esta frase: quemar todos los barcos. La usamos para hablar de esas decisiones en las que elegimos un camino y, de alguna manera, dejamos de preparar el regreso. La imagen es potente: si no hay barcos, no hay retirada. En el año 310 a. C., Agatocles de Siracusa cruzó el Mediterráneo con su ejército para llevar la guerra al territorio cartaginés. Una vez que desembarcaron en el norte de África, tomó una decisión bastante difícil de imaginar desde nuestra lógica actual: ordenó incendiar las naves en las que habían llegado. Diodoro Sículo relata que el propio Agatocles tomó una antorcha y que los capitanes hicieron lo mismo con sus barcos. Había una explicación religiosa vinculada a una promesa a Deméter y Core, pero también una razón mucho más concreta: impedir que sus hombres pensaran en regresar. De pronto, volver había dejado de ser una posibilidad. Y eso fue lo que me interesó de la historia, lo que ocurre con nosotros cuando dejamos de tener disponible una salida. Estamos bastante acostumbrados a pensar que cuantas más opciones tengamos, mejor. Tener alternativas es sensato, permite adaptarnos. Pero también sucede otra cosa, mientras haya un plan B en nuestra mente, una parte de nuestra atención se va del plan A para quedarse allí. No significa que debamos vivir sin plan B ni que retirarse sea siempre una señal de debilidad, porque hay momentos en los que cambiar de dirección es probablemente la decisión más inteligente. Pero también existen decisiones que nunca terminamos de asumir porque seguimos imaginándonos permanentemente fuera de ellas.

¿Primero somos valientes y después decidimos?

Solemos pensar la valentía de esa manera: primero encontramos el coraje y después damos el paso. No estoy tan segura de que siempre funcione así. A veces primero decidimos; cerramos una puerta; renunciamos a una alternativa. Y recién entonces tenemos que encontrar recursos que quizá no habríamos necesitado mientras seguía habiendo un plan B. De hecho, la historia de Agatocles cuenta algo que me parece especialmente significativo: cuando sus soldados vieron arder los barcos y comprendieron realmente lo que aquello significaba, sintieron miedo y desesperanza. Quemar los barcos no los hizo dejar de tener miedo. Lo que hizo fue eliminar la retirada. Y ahí está, para mí, la parte más interesante de la historia. Hay decisiones que no tomamos porque tenemos la seguridad de que todo va a salir bien. Las tomamos sabiendo que existe incertidumbre, que pueden aparecer dificultades y que probablemente tendremos que resolver cosas que todavía ni siquiera imaginamos. Pero elegimos avanzar igual. Quizás por eso esta historia atravesó tantos siglos y terminó convertida en una metáfora que todavía entendemos perfectamente. Porque seguimos haciendo algo parecido: elegimos, dudamos, dejamos una salida, volvemos a elegir y, algunas veces, decidimos que ya no queremos seguir negociando esa decisión con nosotros mismos. A veces la valentía aparece cuando dejamos de preguntarnos cómo volver y empezamos a pensar solamente cómo seguir.